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imageQuién no recuerda de su niñez, los que tenemos unos años, claro, la pizarra llena de cuentas, de sumas, de restas, de multiplicación. Si se te daban bien, la tarea del día en pocos minutos ya estaba hecha, pero, ¡ay! si se te resistían llegaban hasta el recreo y ya en ese momento parece que se despertaba tu cálculo mental y las cuentas se hacían casi solas.

Lo cierto era que podías no entender ni un solo problema, pero era imposible que en tu memoria no albergaras la cantinela de las tablas de multiplicar, después de una, dos… mil veces repetidas: 2x0=0, 2x1=2, 2x2=4…2x10=20 y vuelta a empezar. El que luego no supieses mucho para que utilizarlas y en la tienda sumases con los dedos, ya era otro cantar, lo importante es que las repitiese sin comerte una cifra. Llegar a ese momento era alcanzar la madurez escolar.

Los padres hablaban con el maestro, y, aunque el niño no fuese a dedicarse a los estudios, le pedían que le enseñase “las cuatro reglas”, a saber, la suma, la resta, la multiplicación y la regla de tres. Los que tenían miras más altas se esforzaban por comprender las pesas y medidas, casi todos iban para comerciantes o factores de tren, si hacemos caso de los problemas planteados. El material, si no novedoso ni nuevo, varias generaciones lo habían utilizado, al menos era útil, aunque , a veces, sólo estaba para mirarlo en el armario: bonitas medidas de capacidad o de líquidos, el ábaco, tan exótico, lejos de nuestra manipulación.

imageY, nosotros, seguíamos contando y haciendo cuentas.

De vez en cuando un problema , casi estratosférico , ponía remedio a nuestro aburrimiento: La señora Nicasia llevaba al mercado 125 docenas de huevos que le habían costado a 16 pesetas la docena. Tropezó en la calle y se le rompieron 93 huevos. ¿A qué precio venderá la docena de los huevos que le quedan si obtuvo una ganancia de 184 pesetas?

Pero hoy esos materiales, medidas, ábacos, cuerpos geométricos, todos ellos en maderas nobles, y esos libros con esos problemas, merecen ser recordados y guardados para siempre.

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